¿Comprenden Hasta Qué Punto Nos Necesitan?

En la pequeña ciudad de la periferia de Madrid donde vivo suelen pegarse en las marquesinas de autobús muchos carteles, en su mayoría en gran formato para grandes fiestas o inauguraciones de discotecas. La semana pasada abrieron una cuyo logotipo parece ser una adaptación (llámese plagio) del logo de Warner Bros. No solo es plagio -porque imagino que no se habrán tomado su tiempo para contactar con la Warner, solicitar la autorización permanente y haberla conseguido- sino que además el resultado es verdaderamente horroroso, con todos mis respetos por la persona que se haya encargado de hacerlo.

Es lo que opino yo como humilde-diseñador-don-nadie que me considero, con ciertos conocimientos, un tanto de experiencia y mucho interés por estas cosas. “¡Yo es que en esas cosas no me fijo!”, me decía el otro día mi novia. Y es cierto, la gente que espera el autobús seguramente tampoco lo enfoque de esa manera, lo que me lleva a pensar en el tercer vértice del triángulo comunicativo: El cliente.

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¿El cliente está verdaderamente contento con el resultado? O mejor dicho: ¿El cliente es consciente de lo que está comunicando, lo que está transmitiendo? ¿Verdaderamente le importa? Muchas veces no puedo evitar sentir cierta frustración cuando veo negocio tras negocio, tienda tras tienda, profesionales, empresarios, autónomos… que han pensado en todo lo necesario para su proyecto, pero quedándose ahí, dejándose llevar por la idea de que con un poco de suerte saldrán adelante y vivirán de ello. Algo muy admirable, sin duda. Sin embargo, somos muchos los diseñadores gráficos -aquí viene la frustración de la que hablaba- que desearíamos poder hacer algo por contribuir a ese éxito, potenciándolo o sencillamente haciéndolo posible, que no es poco.

Nunca me ha parecido mal que las grandes corporaciones inviertan grandes cantidades de dinero en las agencias de publicidad más punteros para campañas de gran impacto a nivel mundial, pero tal vez eso tenga algo que ver con el hecho de que los pequeños negocios, las pequeñas y medianas empresas, no es que no lleguen a confiar en la necesidad de diseñadores y publicistas, sino que no lleguen ni tan siquiera a plantearse la posibilidad de necesitar nunca a alguien que haga algo más con su naming más allá de “Grúas y Excavadoras López e Hijos, S.A.” (¡Leyendo el mero nombre casi podemos imaginarnos todos más o menos el mismo logotipo, ¿verdad?!)

Todos queremos diseñar para gente de prestigio, todos queremos hacer algo para Coca-Cola o Nike algún día, pero hay pocas satisfacciones tan gratas como ver una pequeña empresa local empezar a establecer una imagen en la zona gracias a la confianza que un buen día pusieron en uno, o volver a hablar con la dueña de esa tienda y saber que está vendiendo más desde que le propusiste cambiarle las tarjetas de visitas tan feas que tenías o desde que le colocaste ese vinilo en el escaparate, o que han mejorado su imagen reconduciendo su target objetivo, sin que esa persona tenga la menor idea de qué demonios es un target.

Hace años me encargaron toda la campaña que rodeaba a un campeonato deportivo a nivel europeo y recientemente la promoción estática de una importante concentración motera. Son el tipo de proyecto que te permite comprobar -volviendo a la frustración aquella- cómo a menudo son los propios anunciantes quienes permiten comprender al diseñador freelance que no tienen confianza en sí mismos, y somos nosotros quienes les damos un empujón, convenciéndoles de que una buena imagen es muy importante. Dentro de unos meses, o el año que viene, o apenas la campaña ha terminado, reconocen que haber dicho tu nombre aquí y allá o haberte hecho el favor de repartir tus tarjetas no era suficiente, y estarán dispuestos a respetar tus honorarios tanto como la necesidad de tu labor.

Entonces es cuando te das cuenta de que ser diseñador publicitario freelance para pequeñas y medianas empresas, autónomos o proyectos locales no tiene nada que ver con hacer un logotipo en cuarenta minutos -ni mucho menos con prostituir el logo de la Warner- y mucho con formar una parte discreta pero importante en tu comunidad.

Pero… ¿realmente lo comprenden quienes más nos necesitan? Os invito a compartir vuestras opiniones. Cuanto más creativas, más productivas… y más satisfactorias para todos.

Carlos J. de Pedro es un diseñador gráfico malagueño afincado en Madrid. Enamorado de la publicidad, defiende con pasión el poder de la comunicación gráfica y el auténtico papel del diseño como elemento fundamental de nuestra sociedad. No olvides agregarlo a Twitter o visitar su Página Web

 

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