La Profesionalidad También Es Creativa

Hace unas semanas aparecía en FUEL un artículo en el que nos preguntábamos hasta qué punto la gente sabe que los diseñadores estamos ahí y que nos tienen a su disposición.

Hoy me encuentro conociendo el caso del alcalde de una gran ciudad que contrató a su primo para diseñar una importante web municipal. El primo en cuestión, podremos imaginar, será diseñador o algo. Pues no: Tiene una tienda de vestidos de novia, y su hermano es técnico de una empresa colaboradora del ayuntamiento. No se le conoce ninguna experiencia en diseño y se sabe que se ha dado de alta como autónomo únicamente para poder cobrar por este “trabajo”. Lo entrecomillo porque la web en cuestión está hecha con una de esas plantillas prediseñadas que venden por ahí y que tanto se parecen entre sí. Con todos esos degradados en tonos aluminio que estáis pensando, sí.

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Pensaba hablar sobre este tema porque el intrusismo en diseño no es sólo un problema profesional sino también creativo. Un profesional del diseño puede no estar dado de alta como autónomo, tener pocos clientes, no ganar lo suficiente para vivir de esto, no tener demasiados contactos, ni saber cómo se hace cualquier cosa que se le plantee, pero sí sabe qué preguntar y qué responder al cliente, hace lo que hace con auténtica pasión durante 24 horas al día, y lo que es más importante, entiende los chistes sobre Comic Sans.
Definitivamente, no hacer las cosas con propiedad y profesionalidad, además de una tomadura de pelo para clientes y auténticos diseñadores (o aspirantes serios a serlo), es un grave atentado contra la creatividad, porque, entre otras razones:

1) Comunicar más informacion NO significa apiñar más y más palabras.

2) Esas palabras NO van a entenderse mejor por más contornos concéntricos que tenga.

3) Captar la atención NO siempre depende de lo fuerte que sea el color de fondo.

4) En el logo de una peluquería NO siempre tiene que aparecer una tijera, ni el nombre de una guardería tiene que ir en letras de colorines, ni una cerveza tiene que tener relación con Alemania.

5) La calidad del trabajo y los plazos de entrega NO tienen ninguna relación con el grado de parentesco o amistad que tengas con el cliente.

6) Las faltas de ortografía NO tienen cabida en este universo.

7) Ponerse a trabajar NO necesariamente requiere encender el ordenador.

…amén de muchas otras razones que harían que este artículo se convirtiese en una enciclopedia.

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A veces fantaseo, lo confieso, y no es que uno tenga mala intención, con hacer algo así como un casting con los creadores de los anuncios más insoportables que haya visto en los últimos seis meses, y preguntarles qué porcentaje de tiempo de trabajo se dedicó exclusivamente a proceso creativo, cuáles son sus cinco webs de diseño favoritas, cómo se organizó la presentación de pruebas al cliente antes de abrir el Photoshop (…o el Corel Draw, o algún programa de Macromedia) o por qué no, cuánto tiempo han estado haciendo ese cartel para la discoteca de su cuñado mientras su madre le llamaba para cenar, pensando que estaba estudiando para los próximos exámenes. Casi me veo como Luis Bassat en la tele, diciéndoles uno por uno “estás despedido”, esperando de corazón verles en el futuro en una situación más decente para el gremio de comunicadores… y también para los clientes.

Se me va un poco la olla, vale, pero si mi imaginación sirve para hacer mejor mi trabajo -aunque tenga pocos clientes y no sepa hacer cualquier cosa que me pidan-, entonces bienvenidas sean las idas de olla. Quién sabe de dónde puede surgir una buena idea.

Carlos J. de Pedro es un diseñador gráfico malagueño afincado en Madrid. Enamorado de la publicidad, defiende con pasión el poder de la comunicación gráfica y el auténtico papel del diseño como elemento fundamental de nuestra sociedad. No olvides agregarlo a Twitter o visitar su Página Web

 

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